Hay estudiantes que estudian poco porque evitan el examen. Y hay otros que estudian muchísimo porque también lo están evitando, solo que de una forma bastante más socialmente premiada.
Repasar otra vez, rehacer esquemas que ya estaban bien, comprobar continuamente cuánto llevan los demás o retrasar el descanso «hasta que me lo sepa perfecto» puede reducir la ansiedad durante unos minutos. El problema aparece cuando el cerebro aprende que solo puede sentirse seguro después de una comprobación más.
Así, estudiar deja de servir únicamente para aprender y empieza a funcionar también como conducta de seguridad.
En terapia podemos analizar qué mantiene tu ansiedad ante los exámenes: miedo al fracaso, perfeccionismo, comparación, presión familiar, experiencias previas, dificultad para tolerar incertidumbre o una asociación cada vez más fuerte entre estudiar y estar en alerta.
Trabajo online con estudiantes y opositores para comprender ese patrón y desarrollar una forma de afrontar los exámenes con más regulación, criterio y autonomía.
Si la ansiedad está condicionando cómo estudias o cómo rindes, puedes consultar mi disponibilidad para terapia online.
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